Y ya de regreso en Chile, después de varios días intensos y musicales, me doy un momento para respirar, agradecer y dejar que todo lo vivido se asiente.

Fueron jornadas llenas de emociones, escenarios compartidos, nuevas conexiones y muchas historias que contar. La música fue el hilo conductor de cada día: desde los ensayos con alma hasta las presentaciones que nos sacaron el corazón por la garganta.

Volver a casa siempre tiene algo de mágico. Es como bajar el volumen después de un concierto inolvidable: todavía vibran los acordes en el cuerpo, pero ahora desde un lugar más íntimo. Me llevo aprendizajes, inspiración y una energía renovada que solo nace cuando haces lo que amas, rodeado de personas que sienten lo mismo.

Gracias a Claudio Arriagada (director de bronces de sur) por su invitación y confianza, para ser parte de esta aventura, a mi compipa Marcelo Salinas por su pulso y buen humor y a todos los que fueron parte de bellos e inolvidables momentos.